Wednesday, August 23, 2006


Aún queda un mes del verano del 2006, antes de que de comienzo las nuevas sesiones del Parlamento y arranquen las campañas electorales autonómicas. Sin embargo, los políticos parecen haberse propuesto emplear su “tiempo libre” en guerrillas y politiqueos con cada incidencia ocurrida a lo largo de estas últimas semanas veraniegas.

Todos los partidos han hecho por sacarle punta a cada uno de los eventos, noticias o desgracias de este verano del 2006. Nadie se ha mantenido impasible y algunos no han dejado de aprovechar la mínima ocasión de poder hacer alguna declaración, aunque no dejara de ser como un disco rayado de afirmaciones pasadas.

Cierto que ha habido algunos temas de envergadura estatal y autonómica que han merecido particular atención. Tampoco hay que olvidar la situación crítica del panorama internacional que sigue alimentando la tensión mundial particularmente en el Oriente Medio.

Lo lamentable es que la atención de los políticos no ha sido para la búsqueda de soluciones urgentes de los incidentes sino las declaraciones partidistas para recalcar sus propias posturas claramente parciales.

Además, los representantes electos se han empeñado en “dedicar su tiempo libre” a asuntos varios más que en descansar en sus distintos feudos veraniegos. Algo no parece cuadrar.

Una de dos – o nuestros políticos no saben desconectar de sus tareas y se aburren en sus momentos de ocio, o el tiempo apremia a algunos para no verse desbancados del poder.

Cuando tanto se ha hablado de eficacia en los últimos discursos y tanto se ha criticado la eficacia de algunas decisiones tanto del Gobierno como de los partidos de la oposición, no nos queda más remedio que preguntarnos si realmente nuestros estimados parlamentarios son concientes de los que significan las palabras que emplean para describir “sus propias gestiones” en el terreno de su incumbencia.

En un anterior blog pusimos en relieve “la mala escuela” que mostró nada menos que nuestro estimado líder del mayor partido de la oposición, Sr. Rajoy. Hoy, debemos extender esa crítica a la clase política en general, al comprender que tampoco saben demarcar las áreas temporales de su vida, donde se sacrifica el periodo estival o de ocio para logros estrictamente políticas partidistas.

Es preocupante comprobar que nuestros legisladores no sepan valorar la parcela del ocio, tan importante para “cargar las pilas” antes de las próximas sesiones del Parlamento.

Como experto en RR. HH. y relaciones interpersonales, diría que el verano en curso ha demostrado que los políticos optan por aprovechar tácticamente cualquier incidente para derrotar al adversario, más que en reposar en verano para sopesar una estrategia futura en el otoño. Más que trabajar por prioridades, la gran mayoría parece optar por resolver las urgencias, improvisando a medida con la relevancia de la incidencia. Hay una tendencia más a imponer criterios que a tratar asuntos y negociar.

No queremos valorar la eficacia individual de nuestros políticos ni considerar más eficaz un partido político u otro. Todo lo contrario. Queremos expresar una valoración negativa generalizada del modo de gestión de nuestros políticos de su periodo de descanso.

Comprendemos que todos los partidos planifican actos políticos estivales, aprovechando las estancias de sus líderes en ciertos territorios, conducta de cual discrepamos.

El político, como cualquier otra persona que dedica gran parte de su vida a una labor concreta, necesita de un periodo de desconexión de su entorno laboral o profesional. De lo contrario, su capacidad de rendimiento se queda mermada. Por eso mismo el Parlamento tiene su periodo de receso veraniego. El mero hecho de no desvincularse de los temas políticos durante un breve periodo hace que ese político pierda objetividad y reflejos para reaccionar al retomar la actividad política en el siguiente periodo legislativo.

Nuestra crítica viene por la insistencia de numerosos políticos sobre “eficacia” cuando por sus respectivas conductas particulares detectamos serios errores de gestión como puede ser la falta de delegación, la mala gestión de la información y del tiempo y sin lugar a dudas, la ignorancia sobre las técnicas efectivas de la negociación.

Ni unos ni otros merecen un aprobado después de este periodo estival, donde el que menos ha errado ha sido porque menos ha actuado.

Si siguen así durante el nuevo curso político legislativo, ya podemos prever la “ineficacia generalizada” de Sus Señorías. Vaya mala suerte que tenemos.
Fernando Fuster-Fabra Fdz.
Experto en Recursos Humanos

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